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| ENGLEBERT
VAN ANDERLECHT (1918 - 1961) S. GOYENS DE HEUSCH 356 páginas 30 x 25 cm. 300 ilustraciones, de ellas 250 en color Encuadernado en tapa dura Sobrecubierta plastificada P.V.P.: 75,10 € euros / 91 $ USD Francés (ISBN 90 6153 416 X) |
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SUMARIO
Parte I. Vida y obra de Van Anderlecht Parte II. Catálogo Parte III. Cronología Exposiciones Bibliografía Indice Nacido en 1918 en Bruselas y prematuramente arrancado de la vida a la edad de cuarenta y dos años, Englebert Van Anderlecht semeja un meteoro en el firmamento de la pintura belga contemporánea. En menos de cuatro años realiza lo esencial de una obra que le sitúa entre los mejores pintores mundiales de una abstracción lírica de naturaleza gestual. Habiendo hecho su aprendizaje a finales de los años 30 y durante la guerra en la Academia de Saint-Josse-ten-Noode de Bruselas, traba amistad con sus mayores Gastón Bertrand, Louis van Lint, Emile Mahy y, bajo la tutela de su profesor Jacques Maes, recibe como ellos el ascendiente de la visión realista y sensible que Paul Haesaerts califica entonces de animista. Demasiado joven para participar al final de la guerra en la aventura de la Jeune Peinture belga como sus compañeros, el joven pintor se busca a través de la admiración que experimenta por sus grandes predecesores, especialmente Cézanne, Matisse y los fauves de Brabante. Sometido a los riesgos de una vida profesional exigente (fue empleado en la Compañía de Correos y Telégrafos), muy severo consigo mismo en su propia carrera plástica (destruiría numerosas obras y experiencias pictóricas), el joven Van Anderlecht empleó mucho tiempo en conocerse a sí mismo.Su hambre de conocimiento, los viajes que tuvo posibilidad de hacer, las amistades con gentes del arte, los escritores (Philippe d'Arschot, Jean Dypréau) y artistas como Serge Vadercam, Bram Bogart, Jef Verheyen y Vic Gentils, amplían su horizonte y le permiten dar libre curso a las potentes virtualidades que bullen en su mente. A partir de entonces se compromete en una pintura gestual todavía anclada en esquemas representativos pero que, a sugerencia de su amigo Vandercam, rápidamente supera para producir grandes telas informales, de anchos brochazos con gestos cada vez más instintivos. Para un hombre cuya primera infancia estuvo marcada por las secuelas de la Primera Guerra mundial, y la juventud bañada por la angustia de la guerra del cuarenta, y más tarde por Hiroshima, -un drama que le conmociona-, no será nada sorprendente que la pintura, bajo sus pinceles, llegue a ser un signo de lucha, de inquietud y de sublevación, de sentimientos que le solidarizan con los pintores y poetas que reúnen palabras chocantes y rezumantes de pinturas a la fuerza tumultuosa de sus propias realizaciones. En 1960, poco antes de su muerte, Van Anderlecht participará en la fundación de la Nueva Escuela flamenca, siendo invitado por galerías suizas y holandesas. Era urgente señalar su lugar en el cuadro de la aventura del arte informal, codo a codo con un Pollock y un Mathieu. |