Adam-François
Ven der Meulen, nacido en 1632 en Bruselas, hizo su aprendizaje
con un pintor de la escuela de Amberes que trabajaba al servicio
de los archiduques españoles, especializándose en
pintura de batallas, género pictórico del que los
Países Bajos meridionales le ofrecía distintos modelos
y fuentes de inspiración.
Fue a este artista al que llamó en 1662 Charles Le Brun,
primer pintor de Luis XIV y director de la Manufactura de los
Gobelinos, para reforzar el equipo de colaboradores que debían
ayudarle a plasmar en imágenes la historia del rey de Francia.
Van der Meulen dejaría su huella en la pintura francesa
del Gran Siglo. Ejerció influencia sobre los artistas de
las siguientes generaciones por la importancia que daba a los
paisajes en sus composiciones, por su agudo sentido de la realidad
y por sus notables cualidades de colorista, que respondían
a la evolución del gusto hacia un arte más directamente
accesible. El juicio sobre la pintura evoluciona naturalmente
a lo largo de los años. Apreciado como inteligente ilustrador
de las conquistas del Rey-sol y de la grandeza de su reinado,
se vio progresivamente involucrado en el descrédito que
afectaría a la pintura oficial del reinado de Luis XIV
y fue cayendo, poco a poco, en el olvido.
El presente estudio constituye una contribución al redescubrimiento
de la obra de este pintor, que testimonia la riqueza y complejidad
de los intercambios artísticos que se produjeron entre
Francia y los Países Bajos meridionales en el siglo XVII.